Sintonía fina en la nutrición

Principales aspectos a tener en cuenta para alimentar mejor a las vaquillonas de reposición.

A pesar de los cambios ocurridos desde fines de 2010 en los números de la cría, Darío Colombatto, profesor adjunto de la UBA e investigador del Conicet, se mostró preocupado porque algunos productores “aún no consideran debidamente las necesidades nutricionales de los rodeos”.
Colombatto disertó en una Jornada de Ganadería organizada por los CREA del Sudoeste, en la que identificó cuáles son los principales aspectos a tener en cuenta en la recría de terneras y vaquillonas.

De plebeya a Reina Madre
“La cría ha dejado de ser la plebeya que era hace tres años, para convertirse en la Reina Madre de la ganadería. Los números cambiaron, pero considero que lo más importante es tener la fábrica de terneros, ya que da la posibilidad de decidir: ‘lo vendo o lo recrío”, describió Colombatto.
A diferencia de lo que ocurrió tiempo atrás, “hoy hay un alto costo de oportunidad por no preñar una vaca. El precio actual del ternero evidencia lo que cuesta quedar con una vaca vacía. Si hace tres años se la vendía como gorda, valía lo mismo o más que preñada. Hoy esto no ocurre”, aseguró.
Más allá del aprendizaje que dejaron estos años de buenos precios, indicó que “algunos no aplican las tecnologías prioritarias para cada modelo productivo”.

Objetivos claros
A continuación, Colombatto consideró las necesidades nutricionales de la recría de terneras y vaquillonas, específicamente con el entore de 15 meses.
“Primero tenemos que recordar cuáles son los objetivos por alcanzar, para pensar cuál es la mejor forma de lograrlos; es decir, saber cuál es nuestro Norte”, adelantó.
“El objetivo es que la vaquillona entre en servicio con el 65% de su peso adulto. Esto es básico”, aseguró.
Agregó que no sólo hay que alcanzar ese porcentaje del peso adulto, sino también preñar a la vaquillona, idealmente, en el primer mes de servicio, para tener mayor proporción de teneros cabeza y mayor peso de destete por mayor edad del ternero”.
Continuar con la ganancia de peso posterior al servicio “es importantísimo, porque ese animal que tiene 24 meses debe llegar al parto con el 85% de su peso adulto”, indicó.
Asimismo, aclaró que la vaquillona debe seguir creciendo y alcanzar el 90% del peso adulto al momento del segundo servicio. “Esto es fundamental; de lo contrario disminuyen las preñeces en el segundo servicio”, recordó el disertante.
“Hoy el tendón de Aquiles de los sistemas de 15 meses es el tercer servicio. ¿Por qué? Porque nos olvidamos de las hembras. Decimos: ‘ya logramos el segundo, vamos nomás. Y le estamos dando, a una vaquillona de 27 meses (que va a tener 36 al momento del tercer entore), la misma alimentación que le damos a una vaca de cuatro o cinco pariciones; allí tenemos un problema”, destacó.

Genética, sanidad y alimentación
Luego sostuvo que el aumento de peso de la ternera que todavía no se destetó depende sobre todo de su genética, de su sanidad y de la alimentación que se le brinde.
En cuanto a la genética, propuso elegir toros con bajo EPD (diferencias esperadas en la progenie) para peso al nacer, pero alto EPD para el peso al destete, para asegurar alto crecimiento.
Con respecto a la sanidad, recomendó un estricto control: “Hay muchos problemas respiratorios que se deben controlar al pie de la madre”.
Colombatto también habló sobre el creep feeding, es decir, la alimentación diferencial del ternero al pie de la madre. “Como técnica no es mala, pero hay que ver si es prioritaria; además, es bastante complicada operativamente”, opinó.
Igualmente, explicó que “si tuviera que hacer una suplementación de la ternera al pie de la madre, apuntaría a evitar por todos los medios una sustitución con el pasto disponible”. Es preferible “que el animal adicione los nutrientes, que no los sustituya, porque siempre se le está dando algo que es más caro que el pasto”, distinguió. Además, hay que minimizar los casos de empacho y las acidosis típicas que ocurren cuando se da maíz a voluntad a un ternero que no está acostumbrado a recibirlo.
Para eso, puntualizó, “es necesario usar fibras digestibles, como los afrechillos y las cascarillas de soja, combinados con algo de cereal. Esa parecería ser la alternativa más viable para una alimentación de estas características”.

La primera etapa de la nutrición
Según el disertante, la nutrición en la primera etapa de los animales es clave, tanto en hembras como en machos.
Comentó un ensayo de EE.UU. donde se hicieron estudios a partir de diferentes bases de alimentación en vaquillonas para entorar. Más allá de los números, que son distintos a los de nuestro país por la diversidad de razas, indicó que “el mensaje es concentrarse en la nutrición temprana, de ser posible desde el cuarto mes de vida, que para aquellos que tienen sus terneras naciendo a partir de octubre coincide con la sequía tradicional de enero-febrero. Esto nos permitiría tener mayores partidas de animales púberes tempranos”, aseguró.
“¿Cómo podemos lograr esto a nivel sistémico?”, se preguntó Colombatto, quien inmediatamente contestó: “No hay que llegar a marzo o abril para destetar, sino anticipar ese destete”.
No obstante, aclaró que “no es necesario hacerlo sobre todo el rodeo. “Uno puede seleccionar los animales a los que quiere mejorar su nutrición y realizar esos destetes tempranos, aprovechar la tecnología del acondicionamiento a corral posdestete, para luego realizar una salida a una buena pastura durante el otoño”, puntualizó.
Sobre qué dietas usar a corral, comentó que “la idea fundamental es que para una ternera que entra con cuatro o cinco meses se maneje la relación proteína-energía y no energía-proteína”.
Asimismo, afirmó que “cuanto más alta sea esa relación, por ejemplo de un kilo de proteínas con 16 megacalorías totales ingeridas, se genera una mejor eficiencia de conversión del alimento en carne”.
Además, esa relación brinda “un mejor crecimiento y conformación de la relación músculo-hueso. En tanto, si se aumentara la energía por sobre la proteína, se producirían animales más pequeños y más engrasados, muy lindos para venderlos pero no para retenerlos para reproducción”.
Para finalizar, Colombatto aseguró que si bien “cada uno va a encontrar la dieta adecuada a su planteo (pastoreo, pastoreo más suplementación, autoconsumo más corrección proteica, corral con una dieta con base de silaje, etcétera), sería conveniente evitar el corral con dieta seca restringida”.
Argumentó que “para vaquillas se ha probado que esta técnica las pone demasiado nerviosas por la comida, algunas engordan demasiado, otras tienen acidosis y otras quedan muy flacas, por lo cual el corral con dieta seca restringida no es algo recomendable, sobre todo cuando se va a encerrar por un cierto plazo”, concluyó.

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