Qué están haciendo en el norte

Un grupo de asesores CREA visitó la zona agrícola de EE.UU.

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El intercambio de información con grupos de interés de otras naciones de base agrícola es vital para visualizar los componentes más sólidos y los más débiles a partir de los cuales se construye la competitividad del agro argentino.

En ese marco, un grupo de asesores CREA de las zonas Litoral Sur, Mar y Sierras, Norte y Centro de Santa Fe visitó recientemente a farmers, investigadores y empresarios agropecuarios que trabajan en el corazón agrícola de EE.UU. (el Midwest) y una de las principales regiones lecheras (Dairy Land).

Agricultura
Los asesores CREA visitaron un campo en la zona de Johnston (Iowa) con 1400 hectáreas propias en las que residen (y trabajan) cinco personas. Alrededor del 20% del área cuenta con un sistema de drenaje integrado por caños cribados enterrados a un metro de profundidad. Disponen de dos sembradoras neumáticas: una para soja (de 30 surcos a 38 centímetros) y otra para maíz (esta última cuenta con dispositivo para realizar fertilización líquida como arrancador).

El sistema productivo es el habitual en la zona: cosecha de soja y maíz entre octubre y noviembre. En diciembre empieza a nevar alternativamente hasta el mes de abril. En el área destinada a maíz, se aplica fertilizante nitrogenado, y una semana después pasan una rastra rotativa para realizar una remoción superficial. En mayo siembran híbridos a 76 centímetros entre líneas, buscando lograr de 85.000 a 90.000 plantas por hectárea. Aplican fertilizante líquido para suministrar al cultivo fósforo, nitrógeno y zinc. Usan glifosato con residual u hormonal (en preemergenvia o posemergencia).

La superficie destinada a soja no suele recibir fertilización. En este caso, roturan con arado de cinceles entre abril y mayo. Apenas un 20% del área se produce con siembra directa; realizan un barbecho muy corto en abril con glifosato, atrazina y un producto hormonal. Los rindes promedio se ubican en 35 qq/ha de soja y 100 qq/ha de maíz.

Un tercio de la cosecha se almacena en silos propios, mientras que el volumen restante se entrega en acopios cercanos. En el campo cuentan con dos cosechadoras axiales de 35 pies (una de las cuales es operada por una mujer). Cada equipo cosecha apenas unas 800 hectáreas por año. Para renovar la maquinaria, recurren a créditos a cinco años con una tasa de interés del 2,5% anual. Todos los miembros de la familia trabajan en el establecimiento: no tienen empleados.

A diferencia de lo que ocurre en la Argentina, el mercado de alquileres agrícolas en EE. UU. es netamente regional: se trata de farmers que alquilan campos a gente de la zona (por lo general, son establecimientos que quedan libres porque los propietarios que se hacían cargo mueren y sus descendientes no quieren seguir con la actividad).

En el presente año, el costo de implantación del maíz, incluyendo alquiler, ronda los 1750 dólares por hectárea, mientras que en el caso de soja es de unos 1250 dólares por hectárea.

En el Medio Oeste de EE. UU. no se registra un adecuado recambio generacional: la edad promedio del farmer es de 57 años (y va en aumento). En la Argentina, en cambio, es de 47 años y viene decreciendo en los últimos años.

Para algunas compañías proveedoras de insumos y maquinarias, ese fenómeno es –al menos en el corto plazo– favorable, dado que los farmers de edad avanzada suelen decidir compras por fidelidad a una marca.

Los farmers tienen una altísima capacidad de trabajo, debido al hecho de que la mayoría cuenta con maquinaria propia adquirida con financiación muy accesible (con tasas fuertemente subsidiadas por programas estatales). En apenas una semana pueden sembrar la mitad del área maicera estadounidense a nivel nacional.

Los farmers cuentan con numerosos programas del USDA orientados a asegurar ingresos mínimos en caso de desastre climático (como el ocurrido en 2012) o de condiciones comerciales adversas (como la caída de precios registrada en los últimos meses). En los últimos años, la tendencia es subsidiar las primas de seguros multirriesgo para promover el uso de esa herramienta entre los productores agropecuarios.

En algunos sectores agrícolas del Midwest, los problemas de malezas resistentes a glifosato son un verdadero dolor de cabeza. A partir de 2015 comenzarán a ingresar al mercado estadounidense nuevos eventos orientados a relevar la tecnología RR. Se trata de eventos de soja y maíz –desarrollados por diferentes compañías– que cuentan con tolerancia a los herbicidas 2,4 D, Dicamba, mesotriona e isoxaflutol. Además, se intensificará la comercialización de variedades de soja con atributos especiales, tales como alto contenido de ácido oleico, que se venden en el marco de acuerdos de identidad preservada.

Lechería
La región comprendida entre el sudeste de Minnesota, oeste de Wisconsin, noreste de Iowa y extremo noroeste de Illinois es conocida como Dairy Land al tratarse de una zona con una importante presencia de empresas lecheras. Allí predominan las explotaciones familiares –a diferencia de California, donde se concentran megatambos operados por inmigrantes– con un manejo sustentado en la producción propia de heno, grano y silo de maíz.

En dicha zona, los asesores visitaron Land O’Lakes Inc., la cooperativa agropecuaria más importante de la región, que, además de vender la mayor parte de los insumos a sus asociados, brinda servicios profesionales, realiza trabajos de extensión y participa a los productores lecheros de las utilidades generadas.

Los asesores CREA visitaron un tambo familiar administrado por dos hermanos que cuenta con unas 1500 vacas en ordeño estabuladas en cuatro galpones. La unidad de ordeño es un “tambo calesita” de 48 bajadas. También tienen 150 vacas secas y alrededor de 1700 cabezas de recría.

Producen casi un 85% del alimento que consumen en 480 hectáreas de pasturas naturales (donde normalmente manejan la recría); 340 hectáreas de pasturas de alfalfa para heno y silo, y 860 hectáreas para silaje de maíz. En los últimos meses, los precios recibidos se ubicaron en un rango de 0,45 a 0,50 U$S/litro; se trata de valores muy altos en términos históricos, los cuales, en buena medida, se fundamentan en el alza de los precios internacionales de los lácteos.

Están detectando celo con collares detectores de movimiento y, según comentaron los tamberos, lograron buenos resultados con esos dispositivos: un 75% de detección de celos en otoño y primavera (períodos de menor estrés para las vacas).

En el tambo trabajan en total 43 personas que realizan tres turnos de ocho horas cada uno. El salario bruto de un operario promedio es de unos 35.000 dólares al año.

En pasturas de alfalfa, producen unas 12 toneladas de materia seca por hectárea y por año, mientras que en silaje de maíz, la productividad es de 54 toneladas de materia verde por hectárea y por año. Parte de la fertilización, orientada a la reposición de nutrientes, la realizan por medio de la distribución de efluentes.

Las vacas lecheras reciben una ración integrada por silaje y grano de maíz, heno de alfalfa, expeller de soja, semilla de algodón, silo de alfalfa y silo de mazorca de maíz (earlage).

En EE.UU. ya se encuentran disponibles comercialmente cultivares de alfalfa tolerantes a glifosato (RR) con baja lignina (no disponibles aún en el mercado argentino). La lignina es un compuesto vegetal de baja calidad que limita la tasa y el grado de digestibilidad de la fibra del forraje. Además, algunas empresas están desarrollando variedades de alfalfa adaptadas a ambientes marginales (salinidad y deficiencia de nutrientes).

Lechería: hacia un nuevo paradigma

Buscan asegurar condiciones que hagan más atractiva la vida en el campo

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La lechería argentina, comparada con otras del Mercosur, muestra signos de estancamiento. Los sistemas tamberos locales presentan síntomas de agotamiento que se evidencian en la baja rentabilidad, la elevada rotación del personal, un estancamiento del número de vacas lecheras e importantes niveles de estrés, tanto en empresarios como en trabajadores. El sistema, más que atraer, tiende a expulsar personas, especialmente jóvenes.

“En 2011, la elevada rotación del personal de los tambos hizo crisis en el CREA Rafaela: fue un semáforo rojo que todos supimos leer; nos hicimos cargo del problema y nos pusimos a trabajar. Entonces empezamos a escribir una historia superadora”, indicó Rubén Giorgis, asesor del CREA Rafaela, al hablar en el reciente Congreso Tecnológico CREA sobre el rol de las personas como eje de gestión de las empresas.

 “Sabíamos que las personas no se sentían bien, pero no entendíamos el porqué. A través de una encuesta, nos enteramos de cuáles eran los aspectos que menos les gustaban del sistema: el barro y el frío fueron los más destacados”, añadió. La encuesta también reflejó que los trabajadores querían disponer de tiempo suficiente para disfrutar de la vida social.

A partir de ese hito, los empresarios del CREA Rafaela hicieron clic y aceptaron la propuesta de simplificar y mejorar las condiciones laborales. Fue entonces cuando empezaron a aparecer resultados. Luego, la región CREA Santa Fe Centro se interesó en continuar con el tema. El objetivo: hacer de la lechería una actividad atractiva para las personas.

Simplificar las tareas
“La simplificación de las tareas permite que tanto propietarios como empleados entiendan lo que tienen que hacer, lo adopten como propio, lo hagan bien, lo perfeccionen y lo disfruten”, explicó Giorgis.
   Algunos de los procesos que se han simplificado en los tambos son la cantidad de rodeos (en general, uno solo en ordeño); la crianza colectiva de terneros, y el autoconsumo de silaje (todos los días del año las vacas tienen su dieta cubierta con menor actividad de los operarios).

“La calidad de vida mejora, porque la realización de las tareas en una forma simplificada deja más tiempo para el descanso y se organizan mejor los francos y las vacaciones. Los propietarios dejan de actuar como bomberos para dedicar su tiempo a temas más relevantes, vinculados con el crecimiento de la empresa y el desarrollo de las personas”, comentó el asesor CREA.

Hoy estos sistemas amigables permiten que muchas personas, cada vez más calificadas, quieran trabajar en un ambiente agradable, con posibilidades de progreso económico, desarrollo familiar y vida social.

“Así como la siembra directa cambió la agricultura, un nuevo paradigma se ha establecido en parte de la lechería argentina; está en cada uno de los que viven el día a día de esta apasionante actividad que lo hagan propio, se comprometan y se animen a cambiar”, manifestó Giorgis.

“Es la gran oportunidad para la Argentina de dar un salto de competitividad, generando una nueva lechería de proyección nacional y presencia mundial. Ya estamos en camino”, concluyó.

Ganadería a pasto con eficiencia industrial

Un recurso barato para aprovechar sin perder rentabilidad

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En los últimos tres años, el resultado económico de la ganadería en el establecimiento “San Pedro” –integrante del CREA Río Quinto– fue superior al agrícola. La receta para que eso sucediera: equiparar la profesionalización de ambas actividades.

“La ganadería necesita más TIR (Tasa Interna de Retorno) y menos intuición”, indicó Nicolás Marín Moreno, asesor del CREA Río Quinto, en una reciente jornada organizada por los CREA de la zona Centro.

Agregó que “la actividad pecuaria requiere más mano de obra capacitada y dedicación que la agricultura, pero puede ser mucho más rentable, además de estabilizar a las empresas”.

En los ciclos 2006/07 y 2007/08, la agricultura fue la estrella del negocio en la zona. La ganadería, en cambio, sin un modelo superador,  no podía competir (muchos decidieron entonces liquidar su rodeo).

Pero luego llegó la seca histórica de la campaña 2008/09, que demostró que ni la mejor agricultura en siembra directa era inmune al riesgo climático. Fue entonces cuando se decidió intensificar las mejoras tecnológicas que ya se estaban implementando en la ganadería de “San Pedro”, con resultados muy satisfactorios que superaron a los de la agricultura.

Corral
Se incorporó un corral de encierre para lograr mayor coincidencia de la demanda forrajera con la variación de la tasa de crecimiento de la alfalfa. “Cuando estacionalmente o por algún evento climático se reduce la oferta de alfalfa, las tropas se envían, una por una, al corral; de ese modo se adecua la carga a la producción del pasto, encerrando en primer término a las tropas más adelantadas en los corrales de engorde y, luego, a los terneros en el corral de recría, cuando aprieta el invierno”, comentó Marín Moreno.

La regulación de cuánto y cuándo se envía al corral depende del año. El objetivo es siempre mantener la mayor cantidad posible de animales engordando en el pasto (ya que se trata del recurso  de menor costo por kilo producido) y maximizar el peso de faena para mejorar la relación compra/venta.

“El costo actual a pasto es de unos 2 pesos por kilo producido, mientras que el del corral de recría es de 4 pesos y el de la grasa de terminación en el corral de engorde ronda los 12 pesos”, explicó el asesor CREA.

La introducción del corral permitió liberar muchas hectáreas, algunas de las cuales se destinaron a la producción de raciones de silo y rollos de alfalfa que son “vendidas” al área ganadera de la empresa (que se suman al grano de maíz que también se produce en el establecimiento).

Modelo
La vida útil de las alfalfas de corte (grupos 6 y 7) está presupuestada en un máximo de cuatro años (aunque puede ser de tres si las napas se deprimieran en exceso). Los rollos y los silos se elaboran con maquinaria propia. “La eficiencia de cosecha y el corte en el momento óptimo mejoró mucho la disponibilidad y calidad del recurso; eso, separando siempre los lotes de corte de los de pastoreo”, indicó el asesor.

Tanto en corte como en pastoreo, se utilizan alfalfas puras. “El objetivo permanente es lograr la uniformidad y el crecimiento vigoroso de la alfalfa. Debemos utilizar las lluvias anuales (750 milímetros en promedio) en la forma más eficiente posible. El costo de tener plantas vegetando o malezas en las praderas es semejante al de mantener animales que no engordan; es decir, es el costo más alto del sistema”, apuntó.

El modelo se abastece en un 100% con terneros provenientes de otros campos de la firma (para la gestión se toman a valor de mercado). “Todos los años ingresa una determinada cantidad de terneros y se van como novillos en menos de 12 meses; el sistema opera con una eficiencia industrial”, indicó Marín Moreno.

El precio de compra neto promedio de terneros en el ejercicio 2012/13 fue de 12,9 $/kg versus un precio de venta del gordo promedio de 10,2 $/kg. Eso da una relación de compraventa de 1,27 y una relación kg de entrada/kg de salida del 35% (por lo cual la relación de compraventa se comió un 9,45% del precio de venta).

Caro, pero rendidor
La meta de adecuar la oferta de alimento a las necesidades de los animales –pase lo que pase con el clima– no es por cierto la forma de producir más barata si se considera el costo unitario de producto.

"Pero si se toma el costo de oportunidad de la tierra, es la opción que ofrece mayor rentabilidad y estabilidad, con más sustentabilidad económica, social y ambiental”, dijo Marín Moreno. “Si bien exige inversiones significativas, ha demostrado que es posible aumentar la producción total de carne, mejorar significativamente el resultado económico y optimizar el uso del suelo”, agregó.

El corral es el amortiguador climático del pasto. Los novillos tienen que aumentar diariamente 0,70 kilos en la etapa de recría y 1,0 kilogramo en terminación. Cuando la tasa de crecimiento de la alfalfa es menor a la demanda, los novillos son encerrados hasta equilibrar los requerimientos con la oferta de pasto. “Es un trabajo de precisión en el cual el aporte del personal capacitado es fundamental”, apuntó Marín Moreno.

“Asimismo, los corrales se utilizan como arranque cuando hay terneros destetados de manera precoz o que llegan al establecimiento con menos de 180 kilos; eso mejora el desarrollo y la funcionalidad del rumen, evitando tener terneros poco eficientes, a la vez que permite aliviar –en caso de necesidad– la carga de algún campo de cría”, explicó el asesor.

La terminación, excepto en la primavera –cuando la alfalfa y el clima permiten engordes de alrededor de 1,0 kilo diario–, se realiza a corral para obtener el engrasamiento y el rinde que la industria requiere.

Fincas sanjuaninas en estado crítico

Las heladas del año pasado destruyeron parte de la producción de uvas de mesa

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Las exportaciones argentinas de uvas frescas se derrumbaron a causa de la pérdida de competitividad generada por la creciente inflación de costos.

En los primeros 10 meses de 2013, según los últimos datos publicados por Senasa, se registraron exportaciones argentinas de uvas de mesa por 26.723 toneladas versus 42.821 toneladas en el mismo período de 2012.

Las uvas frescas de mesa, producidas fundamentalmente en la región cuyana argentina, tienen un alto componente de mano de obra y flete interno (dos factores que vienen creciendo en los últimos años a una tasa muy superior a la registrada por el tipo de cambio nominal).

En tal escenario, muchas empresas desactivaron las producciones de uva de mesa para reconvertirlas en unidades generadoras de pasas de uva (con menor mano de obra y un costo mucho más bajo).

Para elaborar pasas de uva se necesita apenas un 25% del personal necesario para producir uva de mesa. Además, una persona cosecha por lo general 100 kilos de uva de mesa por día, mientras que la recolección de uva con destino a pasa puede superar los 1000 kilos diarios per cápita.

Esta estrategia de supervivencia generó una significativa destrucción de valor en lo que respecta a pérdida de empleo, destrucción de riqueza por desagregación de valor y falta de permanencia en los mercados internacionales (que no es gratuita). Pero, al menos, representaba un salvavidas para comprar tiempo hasta que el panorama aclarara.

Sin embargo, un desastre climático hizo añicos esos planes. Los pasados 17, 21 y 29 de septiembre se registraron tres heladas intensas en la provincia de San Juan que destruyeron la mayor parte de la producción prevista de uvas de mesa y de pasas, entre otros daños significativos.

Dos tercios del costo de producción de las fincas sanjuaninas corresponden a mano de obra. Con los daños registrados por las heladas, en las seis empresas del CREA Cerro Blanco se perderán 159.000 jornales en el ciclo 2013/14, los cuales son equivalentes a ingresos por un monto superior a 30 millones de pesos.

“Esta es la gota que rebasó el vaso. En los últimos años veníamos registrando una pérdida de rentabilidad enorme, por lo cual no contamos con capital que nos permita afrontar los daños productivos”, indica Juan Vizcaíno, miembro del CREA Cerro Blanco.

“En el caso de nuestra empresa, en el mes de abril del año que viene nos quedaremos sin capital de trabajo. El gobierno nos adeuda una cantidad de dinero muy importante en concepto de recupero del IVA por exportaciones; con ese dinero –correspondiente a operaciones de los últimos cuatro años– quizás podríamos sobrevivir hasta fines de 2014”, añade. La devolución del IVA es un tema que afecta a todas las empresas del rubro.

En noviembre pasado, la mayor productora, empacadora y exportadora de uvas de mesa de San Juan solicitó la apertura de un procedimiento preventivo de crisis. Se trata de un mecanismo legal que, ante causas de fuerza mayor, permite a las empresas despedir trabajadores abonándoles una indemnización inferior a la que le correspondería en un despido sin causa.

Apunten contra el valor agregado

El caso de un emprendimiento dedicado a elaborar expeller de soja

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   Valor agregado no es siempre sinónimo de agregado de valor. Todo depende de que las condiciones sean las adecuadas. Eso es lo que descubrió Eldo Filipuzzi al comenzar a operar una planta extrusadora de soja.

Eldo –miembro del CREA Cañada Seca– integra una empresa familiar agropecuaria junto a sus dos hermanos. Tienen 600 hectáreas propias y alquilan otro tanto en campos de la zona (ubicada en el extremo noroeste de la provincia de Buenos Aires, en el límite  de Córdoba y de Santa Fe). Además de agricultura, son fierreros de toda la vida: brindan servicios de siembra y cosecha.

La seca del ciclo 2008/09 les pegó duro. En ese momento comprendieron que debían diversificarse para blindar la empresa del próximo golpe climático. Luego de una extensa investigación, decidieron montar una planta extrusadora de soja que comenzó a funcionar a mediados de 2012.

El extrusado es un procedimiento que desmenuza los porotos de soja rompiendo las celdas que contienen el aceite. Luego se procede al prensado, que permite separar aquel del expeller, un subproducto con alto contenido de proteína apto para la alimentación animal.   

Montar la planta fue tan difícil como los trámites burocráticos que debieron realizar para lograr todas las habilitaciones correspondientes. “Estamos esperando desde comienzos de este año la habilitación de la OPDS: es lo único que nos falta”, explica Eldo en referencia al Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible de Buenos Aires.

El proceso de molienda en seco por extrusión no requiere una inversión descomunal y funciona con pocos recursos (emplea apenas 150 litros de agua por día).

Los clientes son tambos localizados en un radio de 100 kilómetros del pueblo de Cañada Seca. Se trata de establecimientos que venían consumiendo pellets de soja elaborados por grandes compañías aceiteras y que, luego de probar la calidad del expeller, se decidieron por este último. “Aprendimos que salir a vender y salir a cobrar son dos cosas bien diferentes cuando se venden productos procesados”, confiesa Eldo.

Dificultades
Comenzaron vendiendo el expeller al valor de la soja pizarra Rosario menos un 8%. “Para alcanzar un margen de rentabilidad razonable, necesitábamos vender dos kilos por día por animal a 30 tambos de 150 vacas cada uno”, explica Eldo.

Pero en agosto de 2012, el gobierno nacional implementó la intervención del mercado del biodiésel (ver recuadro). Eso provocó un derrumbe del precio interno del aceite de soja crudo: en una semana, el precio de venta pasó de 830 a 590 u$s/tonelada).

“El ingreso del aceite de soja financiaba el descuento del 8% que se aplicaba sobre el precio del expeller. Cuando eso desapareció, tuvimos que comenzar a comercializar el expeller al mismo valor que la soja pizarra Rosario”, comenta Eldo.

La cantidad de clientes disminuyó (pero no a niveles críticos). La rentabilidad del emprendimiento se esfumó. Y están analizando aumentar, eventualmente, el precio de venta del producto para al menos cambiar la plata, hasta que el mercado se reacomode en algún momento.

“En los tambos con buena genética, saben que el expeller de soja obtenido por extrusión incrementa mucho la producción de leche con respeto al uso de pellet de soja convencional”, explica el empresario.

“Nuestro producto tiene una proteína bruta superior al 44% y una materia grasa del 7%”, agrega. Los compradores de aceite son pequeñas y medianas empresas elaboradoras de biodiésel.
Por otra parte, los Filipuzzi comenzaron a realizar contactos con clientes chilenos para exportar expeller de soja. Pero no pueden registrarse como exportadores hasta que no cuenten con la habilitación del OPDS.

Operatoria
La disponibilidad de energía en la zona no es una limitante. La fábrica trabaja en dos turnos –que comienzan a eso de las 23.00 horas– para aprovechar las tarifas más bajas de la energía provista por la cooperativa local.

La capacidad instalada de la planta –montada en un 100% con tecnología nacional –es de 50 toneladas diarias (actualmente trabaja al 50% de dicha capacidad). La totalidad de la soja procesada es de propia producción.

“Estamos evaluando implementar la modalidad de canje, por medio del cual un productor lechero o avícola, por ejemplo, nos entrega soja para entregarle expeller y cobrarle el servicio con una parte de lo producido”, indica Eldo.

El mayor costo de producción de expeller y del aceite crudo de soja corresponde a la energía eléctrica –alrededor de 90 $/tonelada–, seguido por amortizaciones (80 $/t), salarios (30 $/t), comisiones (30 $/t) y mantenimiento (10 $/t), entre otros.

“Cuando comenzamos a trabajar, nuestro objetivo era lograr 30 clientes. En la actualidad tenemos 42, pero no ganamos dinero con el emprendimiento. El objetivo inmediato es sobrevivir hasta que aclare”, apunta el empresario.

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