Hacia una cosecha fina óptima

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Recaudos por tener en cuenta al momento de planificar la trilla.

 
A menudo se piensa que si un equipo tiene tantos caballos de potencia (HP), entonces tiene que hacer tantas hectáreas por hora, pero ese concepto no es correcto. Las hectáreas que puede cubrir una cosechadora en determinado tiempo están directamente relacionadas con el rinde del cultivo. En la actualidad, en el sur bonarense es factible trabajar con cultivos de trigo con promedios de rinde del orden de 90 qq/ha; en esas circunstancias, las cosechadoras, independientemente de su capacidad, deberán ir a una baja velocidad y no podrán hacer más de determinadas toneladas por hora (a menos, claro, que el operario de la cosechadora esté apurado, nadie lo controle y deje buena parte del cultivo en el suelo).
 
Una cosechadora con varios años en el mercado y de baja potencia, si está bien regulada y si opera a la velocidad adecuada, puede realizar una trilla de calidad equivalente a la de una cosechadora moderna de alta capacidad. Entonces: la calidad de la trilla no depende de la cosechadora, sino de una adecuada regulación y del cuidado que se tiene en la velocidad de avance.
 
Cameron: “Una cosechadora de baja capacidad puede levantar el 98% de la cosecha, y otra de gran porte puede cosechar sólo el 85%: todo depende de cómo se use una u otra”.
 
El implemento más importante al que tiene acceso el encargado de controlar la cosecha es el aro para medir pérdidas por cola o por plataforma: eso es lo que va a indicar al que está controlando la trilla si la cosechadora debe ir más rápido o más lento, o bien si es necesario revisar las regulaciones de la máquina. Insisto: una cosechadora de baja capacidad puede levantar el 98% de la cosecha, y otra de gran porte puede cosechar sólo el 85%: todo depende de cómo se use una u otra.
 
Regulaciones
En cosecha fina, los factores más comunes que deben tenerse en cuenta son el ajuste de la separación del cóncavo, el cual debe posicionarse de manera tal que no queden granos en la espiguilla y se vayan por la cola, una apertura adecuada de zaranda y un ajuste correcto de las cuchillas con respecto a los puntones, entre otros.
En cebada cervecera –específicamente–, es recomendable ser cuidadoso con aquellos aspectos que podrían generar daño en el grano, tales como un cierre excesivo del cilindro o una velocidad más rápida de lo conveniente del cilindro o del rotor. Otro aspecto importante es la velocidad del molinete, ya que si es excesiva puede causar pérdidas por desgrane.
 
El empresario agrícola no tiene por qué ser un experto en maquinaria para conocer todos estos detalles. Pero a través del control de cosecha in situ, en caso de detectar pérdidas superiores a las razonables, debería saber, en caso de que se respete la velocidad adecuada de cosecha, que la calidad del trabajo no es óptima por problemas en la regulación de la cosechadora.
 
Un aspecto importante lo constituye la limpieza y el mantenimiento del equipo. La posibilidad de incendios generados por cosechadoras y tractores mantenidos sin los debidos recaudos no es un tema despreciable. Un equipo que no está debidamente limpio incrementa las probabilidades de generar un incendio (riesgo que es particularmente mayor en la cosecha fina). Siempre será conveniente, además, que el seguro de la cosechadora cuente con una extensión por eventuales daños generados al cultivo en caso de incendio.
 
En el caso de contratistas, todo personal ajeno a la empresa que ingrese al campo debe estar debidamente dado de alta en una ART: no asegurarse de esto implica exponerse a un riesgo por demás elevado. Otras de las cuestiones por verificar son las balanzas de las monotolvas: cada tanto es necesario calibrarlas para evitar imprecisiones.
 
Acuerdos
En algunas ocasiones, el operador de la cosechadora, ya sea un contratista o un operario de la empresa, se apura por demás para realizar el trabajo y genera pérdidas que podrían evitarse. Es importante tener en claro que el objetivo central de la cosecha es evitar que quede un solo grano tirado en el campo.
En el caso de acuerdos con contratistas que sean de oportunidad –por oposición a aquéllos que se establecen en el marco de relaciones de confianza de largo plazo–, es conveniente tener en cuenta que las tarifas, medidas en pesos por hectárea, siempre deben considerar las pérdidas finales generadas por el trabajo, para evaluar cuán caro o barato se pagó el servicio.
 
Es decir: puede haber tarifas que, si bien comienzan siendo baratas, terminan siendo muy onerosas por el enorme volumen de trigo que queda desperdigado en el campo. Veamos un ejemplo: el productor A paga 180 $/ha por el servicio y el contratista cosecha 100 kg/ha menos de lo que podría haber levantado en caso de trillar a una velocidad adecuada; esos 100 kg/ha, a un valor de 180 u$s/ha, representan alrededor de  70 $/ha que dejará de percibir el productor.
 
En cambio, el empresario B abona 220 $/ha por un servicio que efectivamente logra trillar esos 100 kg/ha que perdió el productor A; en ese caso, si bien pagó 40 $/ha más por el servicio, en términos netos terminó con una diferencia a su favor de 30 $/ha por una mayor eficiencia del servicio de cosecha. De esta manera, en el ejemplo planteado, la cosecha de 220 $/ha resultó mucho más barata que la de 180 $/ha. En muchas ocasiones se comparan valores nominales pagados por el servicio en diferentes zonas y situaciones, sin considerar este aspecto que es vital para la rentabilidad de la empresa.
 
En lo que respecta a acuerdos de largo plazo entre empresario agrícola y contratista, lo más razonable es establecer un porcentaje sobre lo cosechado según una escala de rindes con un piso que garantice la cobertura de costos al contratista y un techo que evite transferir excesivas ganancias al contratista en caso de rindes elevados.
 
 
Allan Cameron
Miembro del CREA La Paz

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