Lo mejor del Congreso Tecnológico CREA 2011-Parte Primera

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El sector agropecuario argentino llegó a ser uno de los más competitivos del orbe porque, en su momento, la mayor parte de sus integrantes había logrado instrumentar los cambios necesarios para aprovechar oportunidades

 
Pero ese cargo no es vitalicio ni mucho menos. Quizás algunas de las transformaciones que deberían estar incorporándose hoy para seguir siendo viables en el futuro no se están haciendo. No se trata de un tema menor. Para intentar responder esta cuestión vital para la supervivencia del sector -y, de alguna manera, también de buena parte de la Argentina- en junio pasado se llevó a cabo en la ciudad de Córdoba el Primer Congreso Tecnológico CREA 2011. El número de personas convocadas por el evento -más de 3000- confirmó que son muchos los que creen que el largo plazo no puede ser sacrificado por más difícil que se presente la coyuntura inmediata.
 
"La anticipación es fundamental para dar respuesta oportuna y la competitividad es imprescindible para hacerlo bien. Buena parte de las respuestas que necesitamos no están en ningún manual, sino en la síntesis integradora del intercambio de diferentes saberes y conocimientos. En esto la diversidad de aportes es fundamental, siempre y cuando ellos estén sustentados en vínculos sólidos sustentados en valores firmes", dijo Francisco Iguerabide, presidente del Congreso Tecnológico CREA 2011, al inaugurar el evento.
 
Desafío
El Congreso tuvo como propósito conocer las necesidades del mundo vinculadas al sector agropecuario e instalar los temas de agenda prioritarios para mejorar las empresas en el futuro cercano.
 
"El atributo más importante de nuestros países es su vitalidad. Una vitalidad desmesurada, asombrosa y anárquica. Nuestra tragedia histórica ha sido negar ese dinamismo frustrando los instrumentos y las oportunidades para fecundarlo", dijo Roberto Mangabeira Unger, profesor de Harvard Law School (EE. UU.) y exministro de Asuntos Estratégicos de Brasil durante el gobierno de Luiz Inácio "Lula" da Silva.
Mangabeira Unger indicó que "la agricultura es el terreno más importante para superar esa tragedia histórica" y recordó que "lo que predominó en nuestros países en las últimas décadas fue la generalización de un consumismo popular sin el correlato de un desarrollo productivo". Algunas de las consecuencias de ese proceso fueron una fuerte presión inflacionaria, el avance de un proceso de desindustrialización y un creciente desequilibrio comercial. Pero lo peor, en su opinión, fue "negar instrumentos para ascender en la escala de la productividad de nuestros países".
 
Para que el "proyecto agrícola libertador" ocurra -como lo definió Mangabeira Unger-, es necesario evitar que el sector aparezca en el imaginario nacional como un grupo que sólo defiende sus propios intereses. Los productores agrícolas tendrían que participar como un grupo de ciudadanos que proponen las líneas avanzadas de un nuevo camino de desarrollo nacional.
 
Pero para llegar a esa instancia es necesario superar la cultura de desencanto en relación con la política, "una cultura que heredamos del hemisferio norte, sin tener en cuenta que no somos Dinamarca ni Suiza: nosotros necesitamos desesperadamente a la política para construir nuestro futuro. Dirán que falta fuerza para lograrlo, pero les aseguro que la insurgencia generará su propia fuerza. También dirán que falta esperanza, pero la desesperanza no es la causa de la inacción, sino, principalmente, su consecuencia".
 
"No basta con regular el mercado y contrabalancear sus efectos recurriendo a políticas sociales. Es necesario reconstruir el mercado en su terreno institucional para asegurar más acceso a más mercados para más personas y de más maneras. Y la agricultura, más que una fuente de financiamiento, tiene que ser vista como el ámbito propicio para iniciar esta tarea", argumentó el intelectual brasileño.
Mangabeira Unger resaltó que en Latinoamérica es prioritario avanzar en una mayor industrialización de los productos agropecuarios y en la construcción de una clase media rural fuerte.
 
Recursos
Holm Tiessen, director del Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global, con sede en São José dos Campos (San Pablo, Brasil), alertó que los responsables de las políticas agropecuarias deben pensar en la disponibilidad de los recursos actuales para no correr riesgos de una posible carencia en el futuro.
"El 50% de las reservas mundiales de fosfato están ubicadas en el norte del África, una región políticamente inestable. China tomó la decisión política de limitar sus exportaciones de fosfato, porque sabe que va a necesitar las reservas para el futuro", explicó el investigador brasileño.
 
"Próximamente tendremos un pico de producción (mundial) de fosfato, como sucedió puntualmente con el petróleo. Y llegará un momento en que ese recurso se producirá a costos muchos más altos o se acabará. Tenemos que estar preparados, porque los precios van a subir, más allá de que puedan surgir nuevas reservas", apuntó.
Tiessen también advirtió que el uso del agua subterránea para fines agrícolas debe realizarse de manera ordenada y racional. Al respecto, trazó una analogía con lo que sucede en la zona desértica de Estados Unidos -desde el estado sureño de Texas hasta el norte en Montana-, donde en muchos sectores colmados de pivotes de riego las reservas subterráneas de agua se están agotando.
 
Tiessen lamentó, además, la falta de diálogo que sigue existiendo entre el gobierno argentino y el sector agropecuario. "Me apena que la Argentina, con su alto desarrollo de conocimiento y su tecnología, no pueda sentar en la mesa a los productores y a sus gobernantes. Es imprescindible trazar una política estructural para el sector agropecuario. Los políticos solos no podrán hacerlo. Y los productores, por su cuenta, tampoco. La trazabilidad del plan depende de la tecnología política. Y creo que éste es el mensaje más importante", concluyó.
Naturaleza
 
"En este siglo no podemos seguir cuantificando el PBI sólo a partir de divisas y la relación entre lo que entra y lo que sale. El PBI también debe cuantificar pérdidas y ganancias sociales, inversión tecnológica, educación, capacidad de tomar decisiones y fortalezas de las instituciones. Mientras no tengamos claro este aspecto, no podremos saber si avanzamos o retrocedemos", aseguró la presidente del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF Internacional), Yolanda Kakabadse, para luego añadir que "hoy es imprescindible reconocer el valor importante que tienen el ambiente y la naturaleza".

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