Cadena vitivinícola: destruir valor para intentar sobrevivir

Los diferentes eslabones se “commoditizan” porque el negocio exportador dejó de ser viable

noticia018 cadena vitivinicola

Productores de uva de mesa reconvierten su negocio para vender pasas de uva.

En la última década, la cadena vitivinícola cuyana realizó grandes inversiones orientadas al mercado externo. Pero en el último año, la cantidad de pesos recibidos por cada dólar exportado dejó de ser suficiente para financiar los costos crecientes que enfrenta (fundamentalmente salariales).

El problema está lejos de tratarse de una cuestión coyuntural: lo que está en juego es la existencia misma de cientos de empresas y miles de puestos de trabajo. La estrategia de supervivencia –obligada– que están emprendiendo los empresarios del sector consiste en “commoditizarse” para reducir costos, los cuales, con el ritmo de crecimiento actual, no van a poder ser afrontados durante mucho tiempo más por buena parte de los integrantes del sector.

Estamos hablando –para que quede claro– de un avanzado proceso de destrucción de valor. Es decir: el proceso inverso al ocurrido cuando el tipo de cambio era favorable al desarrollo de actividades exportadoras (las cuales, en definitiva, son las proveedoras genuinas de las divisas).

El progresivo crecimiento de las exportaciones argentinas de vinos a granel en desmedro de los embotellados es un reflejo claro de esa destrucción de valor (ver gráfico 1). Lo preocupante es que los datos registrados en lo que va de 2013 muestran que incluso la exportación de vinos a granel dejó de ser rentable (gráfico 2).


Gráfico 1. Exportaciones anuales argentinas de vinos fraccionados y a granel
En millones de litros. Año 2013: primer trimestre

noticia018 cadena vitivinicola 01

 

Gráfico 2. Exportaciones argentinas de vinos fraccionados y a granel
En millones de litros. Primer trimestre de cada año

2012-10-23-comunicado cuadro

“En los últimos tres años, el precio de la uva pagado al productor se mantuvo prácticamente constante (en pesos). Y este año, en el mejor de los casos, se espera que los valores se mantengan en niveles similares a los pagados el año pasado”, comenta el asesor vitícola Andrés Méndez Casariego.

 
Pocas alternativas
Con la opción exportadora en una zona de rentabilidad nula o negativa para la mayor parte de los vinos, la única opción es volcar el producto al mercado interno, el cual, además de ser reducido, tiene un competidor temible en la franja de vinos más baratos: la cerveza. Por tal motivo, algunas líneas de vinos comunes fueron descontinuadas y otras lo serán muy pronto.

El problema es que como la cosecha 2013 fue muy buena, sobra mercadería para abastecer exclusivamente al mercado local. Eso fue lo que descubrieron muchos empresarios vitícolas al momento de entregar su producción: las bodegas sólo estaban dispuestas a recibir una proporción de uvas muy inferior a la del año pasado. El resto –se trata de un producto perecedero– debió ser procesado a façon en bodegas que en la zona se conocen como “trasladistas” (es decir: elaboran vino que luego es comercializado a bodegas que producen vinos embotellados con marca propia). Esa metodología, además de incrementar la exposición al riesgo comercial de miles de productores, tendrá un impacto directo en la economía regional, dado que los plazos de cobro de la comercialización del vino son mucho más extensos que los correspondientes a la venta de uva.

“El hecho de que este año haya miles de productores con partidas de vino por comercializar torna más inestable e impredecible al mercado, porque se trata de participantes con muchas más urgencias financieras de las que puede llegar a tener una gran bodega o una cooperativa”, explica el empresario vitícola mendocino Juan Viciana.

“La situación de los participantes de la cadena vitivinícola es dramática, porque los problemas que tenemos exceden la capacidad de respuesta presente en el sector”, añade.

Viciana ofrece un ejemplo personal para resaltar que el concepto de “dramático” no es una exageración. El año pasado elaboró a façon vino varietal en una cooperativa con la cual finalmente acordó venderlo a un precio de 3,60 $/litro. Este año, solicitó un “adelanto de cosecha” a esa cooperativa (se trata de un monto de dinero que las bodegas suelen proveer a los productores para financiar precisamente los costos de cosecha) y esta ofreció descontar dicho adelanto del vino por elaborar con ese mismo varietal, pero a un valor de 2,10 $/litro. Es decir: un precio más de un 40% inferior al del año anterior.

Perjuicios
Representantes gremiales, empresarios y funcionarios mendocinos realizaron gestiones para intentar que el Gobierno nacional aporte soluciones al problema. Muchos esperaron que en el cierre de la Fiesta de la Vendimia, realizado a comienzos de marzo, se hicieran anuncios en ese sentido. Pero eso no sucedió.

El vino es un producto emblemático. Por tal motivo, la pérdida de mercados que se produce, además del perjuicio propio del negocio, genera daños asociados a otras industrias (como la del turismo o la de aquellas que están intentando colocar otros alimentos o productos elaborados en los mercados abandonados o descuidados).

La ironía es que los empresarios vitícolas y las bodegas más comprometidos son aquellos que en los últimos años realizaron grandes inversiones en uvas y vinos varietales con alto perfil exportador. Los productores de uva común –que se emplea para elaborar mosto o jugo de uva– están mejor posicionados para enfrentar la crisis, por tratarse de un commodity. La cuestión clave es que la crisis no se origina en una caída de la demanda externa, sino en problemas endógenos de competitividad.

Uva de mesa
El proceso de “commoditización” también abarca a las fincas dedicadas a la producción de uva de mesa. En ese caso, la destrucción de valor es mucho más significativa.

Juan Vizcaíno trabaja en una finca sanjuanina dedicada a elaborar uva de mesa. Este año comenzaron a desarmar ese negocio para reconvertir buena parte de la producción a pasa de uva.
 
“Lo ideal sería volver a la uva de mesa, porque esta empresa se creó con un perfil 100% exportador de ese producto. Pero la realidad es que el crecimiento de los costos internos nos obliga a buscar otras alternativas”, señala Vizcaíno.

Un dato clave: para elaborar pasas de uvas, se necesita apenas un 25% del personal necesario para producir uva de mesa (alimentos que requieren otros cuidados específicos). Además, una persona cosecha por lo general 100 kilos de uva de mesa por día, mientras que la recolección de uva con destino a pasa puede superar los 2000 kilos diarios per cápita.

“Por supuesto, los ingresos obtenidos con la pasa de uva son menores, pero razonables en función de los costos de producción”, explica el agrónomo sanjuanino. “De todas maneras, se trata de una estrategia de supervivencia que en algún momento dejará de ser viable si los costos internos siguen subiendo de manera progresiva”, añade.

Cerrar
*/